Desde el rock alternativo existen álbumes que trascienden a sus propios creadores, obras que se convierten en una entidad propia más allá de toda comprensión, ya que el nivel artístico que poseen supera cualquier cosa que una banda haya hecho con anterioridad, como fue el caso de Mellon Collie and The Infinite Sadness.

Mi experiencia con los Smashing Pumpkins comenzó a mediados de 2019 cuando un pana que forma parte de los suscriptores del blog me recomendó escucharlos, pero mi curiosidad me llevó hacia este discazo. Cuando lo oí por primera vez yo tenía tan sólo 21 años, edad donde me despedía de la adolescencia para dar paso a la supuesta adultez, una etapa de la vida que este doble elepé retrata perfectamente bien.

