lunes, 15 de marzo de 2021

FOO FIGHTERS - MEDICINE AT MIDNIGHT

 En un mundo post-moderno dominado por una pandemia que lleva extendida ya un año por culpa de un virus muy peligroso, todos hemos sentido la necesidad de tomar alguna medicina a medianoche, cualquier píldora que logre apaciguar nuestro estrés pandémico. La música de los Foo Fighters representa eso para mí... Cuando necesito algo para calmar el dolor, simplemente pongo mis audífonos -a todo volumen- y pincho una canción de éste nuevo álbum de los de Dave Grohl.

Los Foo Fighters han dado mucho de qué hablar desde que Dave Grohl tuviera que grabar por su cuenta composiciones que tenía desde años atrás para sobrellevar el suicidio de Kurt Cobain -y la inevitable separación de Nirvana-. Ya tiempo después del lanzamiento del álbum homónimo de este proyecto (1995), Grohl reclutó a Nate Mandel, William Goldsmith y a Pat Smear para salir de gira y dar lugar a The Colour and The Shape (1997), una de las obras capitales del rock alternativo de la época. A ello le seguiría el melódico There's Nothing Left To Lose (1999), contando ya con Taylor Hawkins y Chris Shiflett como integrantes.

A comienzos del siglo XXI y con varios premios Grammy en su haber, el grupo lanza One by One (2002), un disco notablemente inferior. Tras unos años de ausencia, los Foo se aventurarían por terrenos más acústicos con el álbum doble In Your Honour (2005), derivando en una gira bajo tal formato. Luego vendría otro LP más dinámico con Echoes, Silence, Patience & Grace (2007), llevándolos hasta recintos como el Wembley Stadium.

Para 2011, la banda lanzaría su mejor álbum hasta la fecha con el clásico Wasting Light, trabajo que los pondría en el estatus de leyendas vivientes. Unos años más tarde, producirían un ambicioso proyecto musical que documentaba las grabaciones de ocho nuevos temas en ocho ciudades clave de E.E.U.U. El resultado de ello fue el incomprendido Sonic Highways (2014), sumado a una gira que protagonizó la caída de Grohl en pleno escenario. Tras esta debacle, el ahora sexteto -junto a Rami Jaffee- retornaba con Concrete and Gold (2017), un LP que mostraba a unos Foo más maduros y con mucho que ofrecer.

Ahora, la banda de rock más cotizada de los Estados Unidos no solo celebran veinticinco años de carrera, sino que para hacerlo de la mejor forma posible (tomando en cuenta la imposibilidad de salir de gira) han lanzado su décimo álbum de estudio. A pesar de que volvieran a contar con la producción de Greg Kurstin, la banda no optó por repetir la fórmula de su predecesor, y para ello grabaron en una vieja casa en Encino, Los Ángeles. Así relata el propio Dave Grohl las escalofriantes sesiones de grabación:

«Sabía que las vibraciones estaban definitivamente apagadas, pero el sonido estaba jodidamente encendido. Regresábamos al estudio al día siguiente y todas las guitarras estaban desafinadas, o la configuración que habíamos puesto en la mesa de mezclas había vuelto a cero. Abríamos una sesión de Pro-Tools y nos faltaban pistas. Habían algunas que se pusieron allí que nosotros no pusimos allí... como ruidos extraños de micrófono abierto».

Y es que a comparación de las cómodas grabaciones del disco anterior, ésta vez el grupo trabajó bajo mayor presión. Aún así, dicha dinámica motivó a los Foo para elaborar un álbum más entretenido y bailable que a lo que nos tienen acostumbrados, lo cual, en mi opinión, se nota en la frescura que transmiten estas nuevas canciones.

Making A Fire: Una incendiaria canción de rock da comienzo a este LP, bajo una pegadiza y muy roquera melodía conformada por unos intensos versos y un estribillo rompedor. Mención aparte al genial aporte que otorgan los coristas.

Shame Shame: El primer sencillo del álbum y la canción que menos me gusta del conjunto. Sin embargo, supone otro excelente tema, mucho más experimental y con tintes de rock progresivo, manteniendo el ritmo marcado a partir de versos contenidos y un estribillo melodioso.

Cloudspotter: Surgida a partir de un riff que Dave Grohl llevaba intentando sacar durante un cuarto de siglo, estamos ante uno de los temas más infravalorados del largo. Una vertiginosa y realmente poderosa canción de rock alternativo que se erige gracias a ese riff estelar.

Waiting On A War: Sin lugar a dudas el corte más ambicioso y sorprendente de todo el disco. Esta composición de carácter acústico y baladístico se construye bajo un crescendo que llega hasta un clímax tras la sucesión de versos y estrofas ya hacia el final de la composición. Todo un himno si me lo permiten.

Medicine At Midnight: Desde un instante se convirtió en mi tema predilecto del álbum. Con evidentes influencias del dance-pop con tintes funk, queda totalmente aclarado el porqué Grohl tomase al Let's Dance de David Bowie como disco de referencia para la ocasión.

No Son Of Mine: Ahora en clave hard rock con un toque de post punk, llega otro corte que sirvió como adelanto al LP. Conteniendo un riff similar a Zero de los Smashing Pumpkins, los Foo sacan a relucir una composición llena de vigor, con algunas de sus guitarras más afiladas y una ejecución por parte de Grohl que remite al fallecido Lemmy Kilmister.

Holding Poison: Un corte de ritmo más orientado hacia el power pop y que resulta uno de los momentos más entretenidos de todo el disco. Comenzando bajo una melodía muy pegadiza (y con cencerro incluido), esta canción se consolida gracias a uno de los más sensacionales estribillos del LP.

Chasing Birds: Retomando el sendero acústico bajo una vertiente folk. Esta composición con aires Beatle es realmente otra de las sorpresas que esconde este álbum, gracias a su calma melodía que va muy acorde con la reflexiva letra.

Love Dies Young: Y para culminar el LP, tenemos en mano otra de mis canciones preferidas, un tema con un ritmo más punk, melódico y pegadizo. Un corte muy intenso desde los marcados versos hasta esa estrofa tan efervescente que lo pone todo en su sitio.

Medicine At Midnight (Roswell Records), lanzado el pasado 5 de febrero del 2021, es indudablemente lo mejor que nos han traído los Foo desde aquel lejano 2011 cuando editaban Wasting Light. Pero esto no quiere decir que la banda haya optado por recuperar la fórmula de aquel, más bien han querido hacer algo totalmente distinto con una propuesta mucho más digerible e inmediata que no decepcionaría ni al fan más acérrimo ni al oyente casual.

Tal vez los Foo Fighters estén explorando nuevas posibilidades como músicos tras 25 años de sólida trayectoria, pero como ahora son candidatos a formar parte del Salón de la Fama del Rock & Roll, creo que están en todo su derecho. Muy a pesar de que Dave Grohl y los suyos no puedan volver a llenar festivales multitudinarios a causa de la pandemia del COVID-19, por lo menos tenemos una medicina a medianoche como lo son sus nuevas canciones.




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