Desde el rock alternativo existen álbumes que trascienden a sus propios creadores, obras que se convierten en una entidad propia más allá de toda comprensión, ya que el nivel artístico que poseen supera cualquier cosa que una banda haya hecho con anterioridad, como fue el caso de Mellon Collie and The Infinite Sadness.

Mi experiencia con los Smashing Pumpkins comenzó a mediados de 2019 cuando un pana que forma parte de los suscriptores del blog me recomendó escucharlos, pero mi curiosidad me llevó hacia este discazo. Cuando lo oí por primera vez yo tenía tan sólo 21 años, edad donde me despedía de la adolescencia para dar paso a la supuesta adultez, una etapa de la vida que este doble elepé retrata perfectamente bien.
Los Pumpkins estuvieron liderados por Billy Corgan (cantautor) junto con D'arcy Wretzky (bajo), Jimmy Chamberlin (bateria) y James Iha (guitarra), quienes irrumpieron en la escena de Chicago (Illinois) con su primer acetato Gish (1991) para luego continuar con una onda expansiva bajo el título de Siamese Dream (1993), consolidando al cuarteto gracias a la producción de Butch Vig.

Si bien, a finales de 1994 se gestaron los preparativos para las grabaciones de su siguiente trabajo, el cual abarcaría mayor alcance de géneros musicales, un reto debido a que la agrupación enfrentaba problemas de adicción a las drogas... Pero aun así, Billy logró anotar más de cincuenta canciones para este proyecto, contando con productores como Flood y Alan Moulder para llevarlo a treinta surcos, algunos de los cuales comentaré a continuación:
Arrancamos con el tema epónimo, una sonata a piano que establece el tono para Tonight Tonight, balada de arreglos orquestales gracias a la Sinfónica de Chicago. Continuamos con Zero, precursora del nu-metal que causó furor con la comercialización de franelas con ese eslogan. Bullet With Butterfly Wings es otra de las emblemáticas ya que fue anticipada como sencillo. Por otra parte, Love marca un punto de inflexión al abandonar las guitarras eléctricas para abrazar los sintetizadores. Y poniendo fin a la primera cara, Porcelina Of The Vast Oceans sirve como una épica de diez minutos con cambios de ritmo entre versos tranquilos y estribillos intensos.

Damos inicio al segundo lado con Where Boys Fear To Tread, de las composiciones más viscerales de los Smashing Pumpkins, que se contrapone con Thirty-Three, un número muy nostálgico en la vena de John Lennon. Prosigue 1979, más que una canción es un sentimiento que marcó a toda una generación. Thru The Eyes Of Ruby es un tour-de-force cuyos ocho minutos la convierten en la fundamental del disco. Mientras que We Only Come Out At Night, con su sonido medieval, es una joya.
Beautiful es de mis canciones favoritas, una dulce balada lisérgica que sorprende por su dinamismo, a la cual Lily (My One And Only) contrasta con su ritmo de vals. By Starlight es de esas que quisiera poder dedicarle a la mujer que me gusta, con una lírica encantadora, tan encantadora como lo es ella. Y nos despedimos con la onírica Farewell And Goodnight, en la cual los miembros comparten labores vocales en distintas estrofas del tema.

Esta icónica portada fue elaborada por el ilustrador John Craig a partir del collage, donde colisiona figuras barrocas dentro del cosmos.
Mellon Collie And The Infinite Sadness, lo crean o no, fue lanzado hace treinta años, marcando un hito no solamente para los Pumpkins, sino para una legión de jóvenes que creció escuchando esta obra maestra a finales de los años noventa, y también para quienes la descubrimos un poco más tarde.
Sin lugar a dudas, el disco que definió una década marcada por la melancolía y la tristeza infinita, tanto así que a pesar de continuar esta narrativa con otros proyectos, las calabazas de Corgan nunca pudieron superarlo. ¡Hasta la próxima roqueros!